El mar siempre da paz, hasta cuando las olas son tan altas que podrían tragarse una casa entera. A mí siempre me relaja escuchar el sonido que hace al chocar el agua con los recovecos de las rocas, es como un ronroneo, tumbada en la toalla, jugando con la arena entre mis dedos... Soy tan afortunada que desde mi casa puedo verlo, y eso es lo que hago todas las mañanas al levantarme, mirar el mar y respirar hondo para luchar un nuevo día. Sin duda es una terapia antistress
la mejor manera de dejar ver todo lo que tienes dentro es bailar como si no te mirara nadie, cantar como si nadie te escuchara y amar como si jamás te hubieran herido...